17 de Octubre

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domingo, 28 de noviembre de 2010

No debe limitarse a la cuestión salarial


Dialogo Tripartito






En las próximas semanas comenzaría a realizarse la serie de reuniones que iniciará el llamado “diálogo tripartito”. Este diálogo fue convocado por la presidenta Cristina Fernández, quien llamó a que se reúnan los representantes de las principales cámaras empresarias, de los sindicatos y del Estado, con el objetivo principal de “canalizar la conflictividad laboral”.


Los primeros que fueron directamente interpelados fueron la Unión Industrial Argentina –sector al que la Presidenta ha mostrado diversos signos de acercamiento en las últimas semanas– y la Confederación General del Trabajo, aunque se espera que la convocatoria sea más amplia, incluyendo también a otras cámaras empresariales y otros representantes de los trabajadores.

El proyecto de establecer un diálogo social no es nuevo. Ya en los primeros tiempos de la gestión presidencial se realizó una convocatoria al entonces llamado Acuerdo Económico y Social del Bicentenario, aunque tras unas primeras reuniones terminó suspendiéndose, ante el retiro de las cámaras empresariales agropecuarias en el marco del conflicto relacionado con la Resolución 125.

En esta oportunidad, si bien la agenda integral de la negociación del acuerdo tripartido no está aún definida, el punto central sería lograr un consenso de bandas de precios y salarios.

Así, el acuerdo buscaría “encarrillar la puja distributiva”, ante las dificultades para controlar el proceso inflacionario.

En efecto, la inflación continúa siendo uno de los principales problemas en materia económica, con consecuencias negativas en varios sentidos. El aumento de los precios disminuye el poder adquisitivo de los salarios y de los ingresos en general y presiona hacia la baja al tipo de cambio real, afectando la competitividad de la producción local. Si bien la tasa de aumento de los precios tuvo cierto freno durante el breve período recesivo asociado al impacto de la crisis económica mundial, ha vuelto a incrementarse desde mediados de 2009.

Se espera que este año cierre con una inflación superior al 20% anual, en un momento en que las tendencias externas presionan hacia una aceleración de este proceso, en particular por el nuevo aumento en los precios internacionales de los commodities. En este marco, el diálogo social puede contribuir a encauzar las expectativas inflacionarias, aunque en sí mismo es una medida insuficiente si lo que se pretende es frenar los precios.

Para que este mecanismo tenga consecuencias positivas sobre la situación de los trabajadores, será fundamental el rol que adopte el Estado en esta instancia. Las organizaciones gremiales tienen una posición de mayor fortaleza respecto de los años noventa; pero se enfrentan a un sector empresario también fortalecido y no dispuesto a ceder fácilmente, tal como lo muestran las cifras de salarios y de ganancias. En la industria manufacturera, el costo salarial en pesos constantes en 2007 era 7% superior al nivel del año 2001. Entre esos mismos años, la productividad de la industria había aumentado en 27%, de modo que el costo salarial por unidad producida se había visto reducido en 16%. La contratara de esta caída del costo salarial ajustado por productividad fue un fuerte incremento de las ganancias empresarias.

Considerando esta realidad, es preciso que el diálogo social contemple el incremento de las remuneraciones de los trabajadores en términos reales. Para ello, los aumentos previstos en los salarios deben ser mayores que la tasa de inflación. En este sentido, las pautas de incremento salarial pueden ser revisadas en distintos momentos a lo largo del año de acuerdo con la evolución de los precios. Sin embargo, la carencia de estadísticas oficiales sobre el nivel de precios constituye un obstáculo para llevar adelante estas negociaciones y para controlar sus resultados.

Si bien no se conoce aún cuáles son los temas que los trabajadores llevarán a la mesa de diálogo, es importante también que las negociaciones puedan avanzar más allá de la cuestión salarial. Por ejemplo, que incluyan la discusión de las condiciones de trabajo, de la forma de combatir el empleo no registrado, de los derechos de los trabajadores tercerizados. Es decir, temas que atañen al conjunto de la clase trabajadora y no sólo a los trabajadores formales.

 

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