17 de Octubre

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martes, 2 de noviembre de 2010

La continuidad está asegurada




Dilma recibe apoyo para seguir con el programa económico de Lula


La mandataria electa prometió un mayor control del gasto público, siempre y cuando no se comprometan los programas sociales, gracias a los cuales unos 30 millones de brasileños salieron de la pobreza, según datos oficiales
 


Las grandes líneas de la política económica que Dilma Rousseff trazó en su primer pronunciamiento como presidenta electa de Brasil, en el que prometió continuidad y prudencia fiscal, recibieron el primer aval de una agencia internacional calificadora de riesgo. Standard & Poor’s –una poderosa guía para el establishment brasileño– dijo que en un ambiente como el actual, de crecimiento económico e inflación controlada, la adopción de una política fiscal como la anunciada por Rousseff permite prever una mejora de la calificación de riesgo de Brasil.

En el discurso que pronunció tras su elección como primera presidenta de Brasil, Dilma confirmó que en materia económica poco cambiará con respecto al rumbo ya trazado por su tutor político, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, dio pistas sobre algunas medidas complementarias que podría adoptar. La ex ministra de Lula, que será la primera economista en asumir la Presidencia del país, citó específicamente el control del gasto público, aunque sin comprometer los programas sociales.

Ni el mercado ni los analistas esperan grandes reformas de una presidenta que fue clave para definir el actual rumbo económico, y menos en momentos en que Brasil marcha a paso firme para situarse entre las cinco mayores economías del mundo. Según una encuesta divulgada ayer por el Banco Central, los economistas de los bancos privados prevén que el país crecerá un 7,6% este año, su mayor nivel en dos décadas, y que mantendrá un crecimiento superior al 5% a partir del año próximo.

Hasta el frustrado candidato presidencial de la oposición, José Serra, se abstuvo de prometer grandes reformas económicas y, por el contrario, elogió las medidas con las que Lula enfrentó la crisis mundial y que le permitieron a Brasil convertirse en uno de los primeros países en superarla. Serra tampoco podía criticar los pilares de la política económica, simplemente porque Lula mantuvo las que habían sido implementadas por su antecesor, Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), de quien Serra fue ministro de Planificación. Esas bases con las que también se comprometió Dilma son: inflación y gasto público bajo control y régimen cambiario libre.

En el discurso con el que celebró su triunfo, Dilma reiteró el compromiso de reducir el gasto público, que en los últimos meses había crecido hasta poner en riesgo el objetivo de cerrar el año con un superávit fiscal primario del 3,3% del producto bruto interno (PBI). “Haremos todos los esfuerzos para mejorar la calidad del gasto público, para simplificar y reducir la tributación, y para optimizar los servicios públicos”, dijo. La presidenta aclaró expresamente que esa conducta fiscal no comprometerá los programas sociales y de distribución de renta puestos en marcha por Lula y que, según estimaciones oficiales, permitió que 30 millones de brasileños salieran la pobreza.

La futura presidenta dijo que para mejorar el gasto público sin comprometer el ajuste fiscal ni poner en riesgo la inflación, y al mismo tiempo estimular la economía, impulsará una reducción de los tipos de interés, actualmente del 6% en términos reales, uno de los mayores del mundo. Dilma, definida como una economista  de la escuela desarrollista, también anunció que pondrá mayor énfasis en la promoción del mercado interno. Con las exportaciones en baja por la crisis internacional y la fuerte apreciación del real, el consumo de las familias en un país de 180 millones de habitantes, y que crece a un ritmo de casi el 8% anual, se convirtió en el gran motor del auge económico. 
 
Tiempo Argentino-2 de Noviembre

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