En estos días desde algunos sectores de avanzada nos han sugerido que "la familia" peronista podría unirse luego de la muerte de Néstor Kirchner. Hay dos ideas implícitas en tan amable invitación. Una de que Néstor Kirchner constituía el factor de la desavenencia familiar; la segunda, es que somos una familia tal vez distanciada por cosas menores.
Como si la fractura que recorre el peronismo desde hace décadas se debiera a que los primos se pelearon en el festejo de Navidad y la familia se distanció, o algún hermano se llevó el pullover del otro sin avisar y entonces andan sin hablarse. Todas minucias fáciles de corregir y olvidar ante la tragedia y el luto colectivo.
Hace rato que ser peronista no identifica a ninguna familia política ni ideológica. Cuando uno dice que es peronista aún debe aclarar si es un neoliberal conservador como los Romero, Puerta, Reutemann o Menen, o es un transformador y revolucionario como Perón, Evita o Kirchner. Ser peronista no alcanza, unos y otros no tienen nada que ver entre sí, ni los símbolos, ni la marcha y mucho menos aun la afiliación al PJ nos dicen mucho.
Por eso el kirchnerismo vino a clarificar los tantos. Ahí sí, sos o no sos. Ni siquiera debés mostrar chapa de peronista. Si sos kirchnerista es porque estás con la transformación que inició Néstor en el 2003, que continúa Cristina y que es la que soñamos juntos como parte de aquella juventud maravillosa. No hace falta que explique de qué se trata, está todo ahí en la obra de gobierno que está en marcha. Si además sos peronista está todo bien, pero si no los sos también.
El kirchnerismo nos vino a otorgar la identidad política e ideológica que nos estaba faltando para reconocernos en este gran movimiento transformador del siglo XXI. Esta es nuestra familia, la gran familia del Movimiento Nacional.
Por Daniel Rodríguez Paz*-Para BAE
*Economista, miembro del FPV Capital y Presidente del Puerto La Plata.


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