17 de Octubre

17 de Octubre

martes, 9 de noviembre de 2010

El almirante que mostró la hilacha


Un personaje tan completo como el muerto no vamos a encontrar en toda la historia argentina. Completo en su total decadencia moral, crueldad, ambición fuera de toda medida. Almirante de la Marina de Guerra de la Nación. Massera, a secas.

Traicionó, como otros tantos uniformados en nuestra historia desde 1930, a su juramento pronunciado al recibirse de guardiamarina de ser fiel a la Constitución Nacional. Pero, claro, ante tantos otros ejemplos desde Uriburu, en ese ’30, ya casi sólo sería un delito argentino. No, lo feroz de su conducta se puede sintetizar en una sola palabra: la ESMA. Para qué más. Basta ver la celda mínima donde estuvieron tiradas en el piso durante seis meses las tres primeras Madres de Plaza de Mayo. Arrojadas luego desde un avión, vivas, al río. Almirante Massera, esa fue su máxima acción de guerra como almirante. Almirante argentino.

La ESMA: una fábrica del máximo horror a lo Massera. Sí, esa expresión va a quedar para siempre en la historia: Torturar a lo Massera, hacer desaparecer a lo Massera, robar niños a lo Massera.

Y su ambición, sus negocios, su afán de figuración, su ansia de poder: quería ser presidente, millonario, estanciero, empresario, propietario de todo lo que tenía a su alcance. Y llegó sólo a ser un infame y corrupto traidor a todo principio de ética, de humanismo, de grandeza. Eso sí, cuando entraba en una iglesia era el primero que se arrodillaba y santiguaba. Completo.

¿Dónde aprendió todo eso? ¿De sus padres, en la Escuela Naval, en los cursos de oficiales, en su conocido fervor católico?
Massera. Un vocablo que quedará para siempre entre los próceres de la picana eléctrica, invento argentino. Una galería interminable que empieza con el comisario Polo Lugones, el coronel Falcón, el teniente coronel Varela... y la lista sería interminable en esta historia argentina que comenzó con aquellos increíbles hombres de Mayo. Los nombro: Belgrano, Moreno, Castelli, Monteagudo. Y nace la pregunta desesperada: ¿qué nos pasó a los argentinos? Desde aquel Mayo a ese marzo del ’76 en que iba a empezar la marcha hacia la desaparición del respeto a la vida. Comienza la “desaparición” llamada ya la “muerte argentina” en los diccionarios de ideas afines. Para siempre. Videla, Massera, Agosti, Viola, Galtieri, y cien, mil más, todos los que obedecieron, y sus civiles: Martínez de Hoz y los ministros que juraron por “Dios y por la Patria” y sus embajadores y sus soplones y rufianes.

¿Qué más podemos escribir de este ser que acaba de morir: de sus negociados, sus veleidades, sus calenturas, su sonrisa siempre cínica? ¿Para qué? Si basta con nombrar lo que ya nombramos: la ESMA. Está todo dicho. El templo de la infamia más perversa de la historia humana. Un sinónimo de Auschwitz. Los argentinos, sí, tenemos nuestro Auschwitz. Y nuestro Himmler. Uno, silencioso, de mirada con el dejo de desprecio a la vida; el nuestro, ruidoso, de carcajada sonora, de darte el golpecito amigo en la espalda, del abrazo. Aquel, sombrío como un cuervo sin sotana; el nuestro siempre sonriente, amistoso, un galán con espada al cinto y gorra cargada de perversidades.

Sí, ya sé, me van a decir que me están faltando los adjetivos. No, me sobra el dolor, pensando en los últimos minutos de Rodolfo Walsh en la ESMA, y en todos los Rodolfo Walsh y las Azucena Villaflor que cayeron en las manos de ese verdugo sucio y voraz.

Permítaseme este escrito donde trato de hacer un resumen de los sentimientos que me provoca esa figura y la de todos los serviles que le hicieron la venia y le dijeron: “Ordene, mi almirante”.

Nos quedará para siempre el dolor. Rodolfo, Azucena. En nombre de los miles.
Ojalá exista el infierno para el almirante de la muerte, los negociados y la corrupción.

Lo merece. Allí con Roca, Falcón, el Polo... y tantos otros. Una galería argentina. En contraposición con la otra galería argentina. La de los Héroes del Pueblo, los Hijos del Pueblo, como les cantaba la gente humilde de principios del siglo pasado a quienes daban todo por una vida mejor. Los que creían en un mundo de la mano abierta contra los que siempre propiciaron la ESMA.


 Por Osvaldo Bayer-Para Pagina 12

"El amor vence"



Hizo pintar –en paredes de Mar del Plata, por ejemplo– leyendas de un cinismo memorable: Ganar la paz, decía una. La otra era peor: El amor vence. Galimberti, que lo conocía bien, decía: “Cuando Massera quiere hablar con alguien, lo secuestra”. Desde la picana pensaba llegar al poder absoluto.

Tenía pinta y sonrisa como para imaginarse un nuevo Perón. Era un megalómano delirante.

Durante el Juicio a las Juntas, desafiante, dijo a la audiencia, a los jueces, a los periodistas, a todos: “A ustedes les queda la crónica, a mí la Historia”. Tenía razón. Por desgracia, Massera pertenece a la historia de nuestro país, a su historia más profunda, a su lógica más perversa. Y más todavía. Pertenece, Massera, al gran Museo de Horrores de la Humanidad. Como el genocidio argentino, del que fue uno de sus más señalados protagonistas.

En Los hundidos y los salvados, Primo Levi marca a los asesinos de este país como imitadores de los criminales alemanes. Dice: “Sus imitadores en Argentina y Chile”. Eso fueron Massera y todos los restantes capitostes de la masacre: imitadores de Himmler, de Goering, de Hess, de Eichmann. Tenía razón Massera esa tarde ante el tribunal que lo juzgaba: no tanto en el primer sentido de su afirmación (“A ustedes les queda la crónica”), pero sí en el segundo: “A mí la Historia”. Sí, le queda la Historia. Ingresó, con pleno derecho, a la historias de las grandes masacres del siglo XX. Y del lado de los masacradores.

Pero hay algo más en el Almirante: a la masacre le añade la crueldad. La ESMA –de la que era jefe absoluto, amo y señor de la vida y de la muerte–- era un campo de concentración y exterminio. Pero, al ser un campo de recabamiento de información, era un campo de torturas.

La tortura le fue más esencial a la ESMA que a Auschwitz. El detenido que ingresaba en Auschwitz, el que cruzaba ese portón en que había un cartel que decía El trabajo os hará libres, iba, sin duda, a morir, tarde o temprano habría de morir, pero muchos no fueron torturados, porque Auschwitz no era un centro de acumulación de información. La información, su búsqueda, su urgente necesidad de posesión para atrapar a los otros, a los ligados al detenido antes de que pudieran escapar, era propia de la ESMA. La ESMA era, en primera instancia, un centro de búsqueda de información, es decir, un centro de torturas. Además, la tortura era parte de un esquema prefijado que se proponía quebrar al detenido. Y era tan terrible que muchos, luego de pasar por ella, preferían morir antes que volver. Fue, como Drácula, un empalador. Llenó de cadáveres el Río de la Plata. Gritó (junto a Videla y Agosti y todos los enfervorizados hinchas que desbordaban el estadio de River Plate) los goles de la Selección Argentina, los goles de Kempes, el matador. Con cada gol argentino, más poder para Massera. Más poder para que secuestrara, torturara, violara, prohibiera, le dijera al mundo que éste era el país de las maravillas y que, aquí, se vivía en medio de la alegría y el respeto por los derechos humanos.

Que ahora se muera no sirve para nada. Todos, alguna vez, nos vamos a morir. Massera ya hizo en nuestra historia todo el daño que podía hacer. Lo pidió un pueblo que quería orden y él le dio ese orden. Una de las primeras publicidades televisivas de la Junta decía: Orden, orden, orden, cuando hay orden el país se construye de arriba abajo. En esa búsqueda de orden, siempre exigida por los argentinos, hay que encontrar la explicación de la existencia de monstruos como Massera. Si alguien, hoy, le desea el Infierno, se equivoca. Si Massera va al Infierno lo van a recibir como a un héroe. Al cabo, él es uno de sus creadores. El creador de una de las figuras más perfectas del Infierno, la ESMA. ¿Podríamos entonces desearle el Cielo, ese lugar donde un Dios justo le señalaría sus culpas? Ocurre, sin embargo, que el Cielo y ese Dios justo no existen. ¿Cómo habrían de existir si existió Massera?


Por José Pablo Feinmann-Para Pagina 12

lunes, 8 de noviembre de 2010

"La industria como motor del crecimiento"




No podríamos tener un presente como el que tenemos ni un futuro tan promisorio de no haber hecho posible el cambio de paradigma iniciado en el 2003, cuando recuperamos nuestra identidad nacional y la capacidad de decir “no” a las recetas que nos querían imponer desde afuera. Este año hemos retomado el sendero de fuerte crecimiento económico: en ocho meses la actividad aumentó el 9,1 por ciento.

En los últimos cincuenta y cinco años nadie hizo tanto por la industria nacional como los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, y justamente la industria fue uno de los motores del crecimiento de la Argentina. El período 2003-2008 fue el de mayor crecimiento sostenido de nuestra historia y el incremento de la actividad económica fue acompañado por la generación de fuentes de trabajo: en ese período se crearon, sólo en la industria, un millón de empleos.

En el 2009 el mundo sufrió una crisis inédita, la peor de los últimos ochenta años. El producto mundial cayó por primera en cincuenta años un 2,9%, tras cinco años de gran crecimiento al 4,6% promedio anual. El comercio mundial se desplomó, cayendo en volumen más del 12% y en valor el 23 por ciento. En ese mismo año, la Argentina mantuvo el crecimiento a una tasa del 0,9%, lo que demostró que nuestro modelo es fuerte y supo atravesar la crisis en forma privilegiada.

Y eso se debe a que la Presidenta profundizó el modelo productivo, sostenido en políticas macroeconómicas favorables a la competitividad y complementadas con políticas industriales. En plena crisis, el Gobierno impuso los REPRO y mantuvo 200.000 trabajadores activos, reorientó los fondos de las AFJP hacia inversiones productivas, incrementó la inversión pública en infraestructura, implementó la asignación universal por hijo y aumentó las jubilaciones en un 51% desde el 2009 a la fecha, entre otras medidas.

La profundización del modelo productivo también incluyó la aplicación más decidida de incentivos fiscales y financieros de estímulo a la inversión. Y sostuvimos una defensa a ultranza de la industria nacional y el trabajo argentino que implicó impedir la competencia desleal en un mundo sobreofertado.

Y así se aceleró un círculo virtuoso: crece el mercado interno, llegan nuevas inversiones, se expande la producción, se generan nuevos puestos de trabajo, y con ello, una nueva expansión de la demanda. Este modelo terminó con la dicotomía de mercado interno o exportaciones. Hoy tenemos un mercado local fuerte y, al mismo tiempo, vendemos productos argentinos con valor agregado a los mercados internacionales sujetos a la más alta competencia.

El crecimiento de la Argentina ya genera desarrollo, consolidamos una industria más integrada y competitiva orientada a la generación de valor, potenciada en la innovación productiva y con un alto grado de emprendedurismo. Una industria que es el motor del crecimiento y ha logrado posicionarse en este año como el principal rubro de exportación.

Todos los sectores productivos, que en otras gestiones se los tildaba de inviables, como textil, calzado, madera y muebles, desde el 2003 han podido generar trabajo y recuperar niveles de actividad; en este país y con este modelo no hay sectores inviables.

Desde el Ministerio de Industria promovemos herramientas que incentivan la sustitución de importaciones, y las exportaciones con valor agregado, como el Fondo Productivo del Bicentenario, la Ley de Promoción de Inversiones y el Régimen de Incentivo Nacional para los fabricantes de bienes de capital, entre otras.

También estimulamos a las pymes de todos los sectores y en todas sus fases de desarrollo, desde su constitución, con herramientas de estímulo al emprendedurismo, hasta su consolidación o expansión con asistencia crediticia, capacitación y mecanismos de asociatividad.

Frente a un mundo más competitivo, nuestro aparato productivo tiene todas las condiciones para integrarse a las cadenas de valor global por su dotación de recursos naturales, mercado interno vigoroso, recursos humanos calificados e infraestructura productiva eficiente.
Debora Giorgi-Ministra de Industria de la Nación-Para BAE

¿A quién consultó la doctora Carrió?

La nueva fe de la oposición



No deja de llamar la atención que una dirigente aparentemente tan preocupada por la calidad institucional, por la formalidad democrática, confunda constantemente todas las instituciones que promueve con su biografía personal.

La verdadera democracia es, mejor dicho, debe ser, una concurrencia de grupos oligárquicos, constituidos por los que se identifican con el jefe de la oligarquía partidaria y le obedecen, como lo pide la disciplina de la misma. Las oligarquías así entendidas son la condición necesaria y suficiente de la existencia misma de la democracia. Permitir que los procedimientos de la democracia se introduzcan dentro de los partidos es condenarlos a la anarquía y la disolución, y desnaturalizar la democracia; porque la opinión pública, extraviada por las luchas intestinas de los partidos, concluye por no saber efectivamente por quién vota. Es así cómo se produce la presunta descomposición de la democracia, que con tanta frecuencia anda en boca de los partidarios de las nuevas formas sociales y económicas; comunistas, fascistas, ed altri.”


(Carta personal enviada por Luis R. Gondra, dirigente de la UCR, a Marcelo Torcuato de Alvear, 15 de octubre de 1936.)  



¿A quién consultó la doctora Carrió para decidir que su fuerza política ni participaba de los homenajes a Néstor Kirchner en el Congreso, ni se manifestara públicamente sobre su fallecimiento? ¿A la virgen María? ¿A su representante apostólico? ¿Al cardenal Bergoglio?

Es un misterio casi insondable; pero no deja de llamar la atención que una dirigente aparentemente tan preocupada por la calidad institucional, por la formalidad democrática, confunda constantemente todas las instituciones que promueve con su biografía personal. Eso sí, debemos admitir que no es la única.

¿Quién determinó la lista de invitados a la comida que Héctor Magnetto diera a los líderes del Peronismo Federal? ¿A quien habrá consultado el doctor Duhalde para sobrerrepresentar a la provincia de Buenos Aires y dejar fuera a San Luis? ¿Habrán decidido todos, mientras saboreaban los postres, que Clarín no contara nada del encuentro, y que la prensa del conclave estaría a cargo de La Nación? ¿O Magnetto en su condición de especialista lo habrá resuelto solo? Ninguna “investigación periodística seria”, de esas que publica la revista Noticias, dilucidó asuntos tan pertinentes, pero no perdamos la esperanza.

Otra inquietud me ocupa: ¿cómo habrá decidido el ingeniero Macri bajarse de la candidatura presidencial, o mantenerla pro forma como elemento de negociación? ¿Convocó a la mesa nacional del PRO y lo debatieron amigablemente? ¿Leyó las encuestas? ¿Sólo lo discutió con Jaime Duran Barba, total los demás no entienden demasiado? ¿Lo charló con Magnetto, que entiende de verdad? Lo cierto es que se trata de la única buena noticia que produjo “la oposición”, desde el infausto miércoles 27 de octubre.

Volvamos al comienzo. El capital es jerárquico y autoritario. Y mientras los golpes de Estado sacudían Sudamérica, todos en defensa de la democracia por cierto, los “cambios” sólo afectaban a los poderes públicos. El titular del Ejecutivo era destituido, junto con los integrantes de la Suprema Corte de Justicia, los jueces puestos en comisión, y el Congreso se clausuraba. Ese era más o menos el modus operandi. Los directores de los diarios seguían siendo los mismos, los gerentes de los grupos económicos otro tanto, la universidad pública cambiaba, pero el mundo de las empresas no se modificaba. A lo sumo, las cámaras patronales sufrían la formalidad de la intervención, más para equipararlas con los sindicatos que por otra cosa. Salvo, claro está, que se tratara de “subversivos” como la CGE. Y lo demás, todo lo demás, seguía exactamente igual. No era el mundo empresario el que había que cambiar. En todo caso, esos cambios dependían de su propia decisión.

El mundo de las empresas es cualquier cosa menos democrático, y casi nadie cree que sus propietarios tengan que rendir cuentas de cómo manejan bienes y negocios. Este tipo de intromisión resulta inadmisible, dado que viola el sacrosanto principio de la propiedad privada. Tanto que una de las cosas que más molesta del proyecto del diputado Recalde –participación de los trabajadores en las ganancias de la empresa, según la reforma constitucional de 1957– es que puedan entrometerse en la contabilidad. Qué tienen que hacer los integrantes de una Comisión Interna en la contabilidad, en los secretos comerciales de la empresa; por qué lastimar su legítima aptitud para engañar al fisco, en compañía de profesionales entrenados para tal fin. Un disparate, por cierto. De modo que la Constitución Nacional se puede incumplir todo el tiempo que haga falta, sin que nadie se ponga nervioso, siempre y cuando se haga en la dirección correcta.

Ahora entendemos mejor, como surge de estos ejemplos, que no es el autoritarismo el que molesta, sólo inquieta contra quién se ejerce; porque el poder –ya lo explicaron los anarquistas hasta el cansancio– nunca es exactamente amable.

Cristina Fernández, en tanto titular de un poder unipersonal –así define la Constitución Nacional al Poder Ejecutivo– dejó los tantos claros. No se trata de su momento más difícil, dijo en su breve, impactante y preciso discurso televisivo, sino del más doloroso. Reconoció haber enfrentado momentos difíciles, pero señaló que este no era el caso. La presidenta dio en el clavo: desde que la oposición fue derrotada (intento fallido de destituir a Mercedes Marcó del Pont), tanto esta como la prensa comercial quedaron reducidas a la producción de chascarrillos zafios. El profesor Grondona, periodista y jurisconsulto, ha sido reprendido por la DAIA en virtud de su último aporte, donde equiparó a jóvenes desfilando y vivando a Néstor Kirchner durante su velatorio, con las juventudes hitlerianas.

Estamos ante una novedad política: ahora la oposición habla para adentro; como la Iglesia católica, sabe que no pueden convencer a nadie que no se haya convencido solo. Forman parte de un nuevo modelo de fe, que requiere que cada uno de sus partícipes crea, porque es absolutamente absurda. Es que si Grondona tuviera razón, Ricardo Alfonsín sería un admirador de las juventudes hitlerianas, y en tal caso  el propio Grondona –que trata a Alfonsín como heredero de Alvear–  lo terminaría siendo por carácter transitivo. Paradojas de la lógica formal, que agotan la capacidad analítica de la mayor parte de la televisión y la prensa nacionales


Omar Plaini "Regalar los diarios es una actitud casi provocativa"




El diputado nacional y titular del gremio de Canillitas, Omar Plaini, consideró una "provocación" que, al no distribuirse este domingo diarios y revistas por celebrarse el Día del Canillita, los diarios Clarín y La Nación editen ediciones especiales.

“Regalar los diarios es una actitud casi provocativa. Venimos de una situación con el tema de las empresas tercerizadas, de la muerte de Mariano Ferreyra, me parece que están llegando al límite en algunas cuestiones”, sostuvo Plaini.

Puntualizó que la salida a la calle de una edición especial "viola la resolución" firmada recientemente por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner donde se establece que los canillitas "tenemos la prioridad absoluta” de los canales de venta de diarios y revistas.

En ese marco, Plaini presentó una denuncia formal ante el Ministerio de Trabajo solicitando el "respeto al decreto y a la resolución" firmada por la Presidenta en septiembre pasado.

“Yo les pediría a todos los ciudadanos que no acepten ese diario gratis porque están afectando una fuente laboral”, dijo y agregó que “muchos editores responsables, entendiendo el sacrificio del canillita de domingo a domingo, no van a editar”.

“No vamos a entrar en ningún tipo de provocación en definitiva, la mano de obra que utilicen el domingo va a ser mano de obra esclava. Lo único que le interesa es su voracidad empresaria. Está quedando demostrado que a partir de que se escuchen muchas voces y haya más pluralidad, se va a terminar esta posición dominante de manejar desde el papel hasta todos los medios”, concluyó.




Fuente: ConciliaciónObligatoria.org  

Entrevista a Omar Plaini “Los grupos concentrados no buscan consensuar, ellos intentan imponer”

El secretario general del Sindicato de Canillitas cargó contra Clarín y La Nación por no respetar el día que homenajea su actividad





El domingo se festeja el Día del Canillita, que comenzó a celebrarse en 1947. Durante la década de 1990 y gracias al fuerte loby de la prensa hegemónica, dejó de ser feriado para los diarieros, distribuidores y obreros gráficos. “Es notable que ni siquiera durante las dictaduras hubieran pasado estas cosas”, señaló Cristina Fernández el 8 de septiembre –en referencia a la situación vivida durante el gobierno de Carlos Menem– al firmar el decreto que dio marcha atrás con la desregulación de la distribución de diarios y revistas.

Más allá de la reinstauración del feriado, Clarín  desafiará ese decreto presidencial y sacará a la calle una edición. En diálogo con Tiempo Argentino, Omar Plaini, secretario general del Sindicato de Canillitas, no pudo ocultar su indignación.

–¿Cómo harán Clarín y La Nación para estar en la calle el Día del Canillita?
–En términos de logística, obviamente no pueden utilizar nuestro sistema, que es el sistema de distribución directa tradicional. No pueden usar esta vía ya que gracias al decreto de la presidenta Cristina Fernández tenemos prioridad sobre el canal de distribución y venta.

Seguramente utilizarán mano de obra por un día, cosa que demuestra que esta gente no tiene ninguna voluntad de acordar con los trabajadores. Y eso que durante 50 años no se editaron los diarios en este día. Desde hace tiempo nosotros comenzamos a reivindicar el 7 de noviembre como un día de lucha.

–¿Quiénes se van a encargar de repartir gratis los diarios?
–Seguramente agencias de trabajo eventual, que es una forma de tercerizar. Tengo entendido que este año van a regalar el diario. A mi juicio, esto demuestra la actitud caprichosa del sector editorial.

–¿Qué representa este día?
–Para nosotros es una jornada reivindicatoria. Durante 50 años descansamos los vendedores de diarios, los periodistas y descansaban los gráficos. Esta fue una de las conquistas que los grupos concentrados de la comunicación nos arrebataron arbitrariamente en los ‘90. Para nosotros significa un día de reivindicación de derecho y de lucha, sobre todo porque solamente tenemos tres días al año para descansar, siendo que trabajamos 125 días más por año que el resto de los trabajadores (además del Día del Canillita, los únicos feriados que tiene el gremio son el día de Navidad y Año Nuevo).

–¿Qué lectura política hace de la actitud de La Nación y Clarín de no respetar este feriado?
–En 2006, cuando llegamos al gremio, comenzamos con nuestras reivindicaciones. Cuando empezamos la pelea contra los grupos como Clarín y La Nación, todavía no estaba instalada en la sociedad la idea de lograr una democratización de los medios y servicios audiovisuales, y tampoco de los medios gráficos. Esto comenzó obviamente con la Ley de Medios y con la ley que busca declarar de interés público el papel de diarios.

–Esta avanzada por parte de los grupos hegemónicos, ¿qué significado tiene para ustedes?
–Es una muestra de que los grupos concentrados no se sientan a acordar y consensuar, esta gente busca imponer. Es una muestra más de la intolerancia empresarial. Cuando se trata de los derechos de los trabajadores, intentan avasallarlos. Te hacen socio de las pérdidas pero de las ganancias nunca.

–¿Van a intentar frenar esto?
–Vamos a descansar. No vamos a entrar en estas provocaciones. Los trabajadores hemos aprendido ciertas lecciones, y además estamos maduros y tenemos un grado de inteligencia que nos permite no entrar en este tipo de cosas. Ya presentamos una nota en el Ministerio de Trabajo pidiendo que observe la situación. También queremos saber quiénes van a ocuparse del trabajo por ese día. Si es trabajo informal, no registrado, hay que caerles con todo el peso de la ley.

–Este año se devolvieron algunos derechos a los canillitas y la actitud de Clarín y La Nación puede llegar a dañar la relación entre los puestos y los dos grandes diarios, ¿les preocupa que eso atente contra las ayudas que recibían?
–Desde que asumimos la dirección del sindicato hemos roto con todo eso. No les colocamos los avisos que arbitrariamente nos imponen. Tal vez quede alguno que lo siga haciendo, pero nosotros nos hemos puesto al frente de esta lucha. No hay ninguna actitud paternalista, eso fue antes de que asumiéramos la conducción. En el pasado Clarín manejaba todo a control remoto. Es más, quisieron pasarnos del ámbito laboral al comercial y que esto se transformara en una cámara. Los compañeros ya ni siquiera aceptan el merchandising que entrega Clarín. Salvo algún distraído, hay una actitud anti Clarín muy marcada, más allá de que siga siendo el diario de mayor tirada y mayor venta. Para nosotros siempre fue el mayor impulsor de políticas para intentar romper con el marco regulatorio que existe en la actividad. 

Por Hernán Cocchi-Para Tiempo Argentino-5 de Noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

Contra el derecho de los canillitas

Pese a que mañana es el día de los vendedores de diarios, por lo que gozan de su descanso laboral, Clarin, La Nación y Perfil se niegan a acatar el feriado.

Mañana se celebra el día del canillita como hace más de 60 años, por lo que no habrá periódicos a la venta. Más allá del feriado, Clarín sacará un diario de emergencia que distribuirá gratuitamente por circuitos alternativos. Un claro desafío al decreto presidencial reinstaurado por Cristina Fernández en septiembre pasado, por el que devolvió a los canillitas la comercialización exclusiva de diarios y revistas.

El secretario general del Sindicato de Vendedores de Diarios, Revistas y Afines (Sivendia), Omar Plaini, salió al cruce de Clarín, La Nación y Perfil, por no respetar el día que homenajea su actividad. “Es un atropello. Como no pueden sobornar a la comisión directiva, ofrecen el precio total de tapa a los vendedores. Nosotros no vamos a resignar nuestros derechos y convicciones”, denunció Plaini.

Bajo el gobierno de Fernando De la Rúa, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo autorizó la libre distribución de publicaciones en supermercados y otros puntos de expendio y alteró los porcentajes de ganancia sobre el precio de tapa que obtenían los canillitas.
“El jueves pasado, hicimos un plenario de los trabajadores en el que acordamos reclamar el precio que nos corresponde porque Clarín, desde el año 2001, nos bajó ocho puntos el porcentaje”, adelantó Plaini a Miradas al Sur.

Gracias al decreto presidencial de la actual Presidenta, los canillitas volvieron a tener prioridad sobre el canal de distribución y venta. Así, se dejó atrás una década marcada por la fuerte influencia de los medios hegemónicos. “Es notable que ni siquiera durante las dictaduras hubieran pasado estas cosas”, señaló Cristina Fernández el 8 de septiembre al firmar el decreto que dio marcha atrás con la desregulación de la distribución de diarios y revistas.

A pesar de la devolución del feriado para los canillitas, Clarín, La Nación y Perfil manifestaron su negativa a acatar la norma y respetar el día no laborable.

En relación a la postura adoptada por Clarín para entregar a sus lectores el matutino en forma gratuita, Plaini aseguró que el trabajador que elija abrir su puesto tendrá derecho a ganar el 100 por ciento de la venta. “Los canillitas deberán recibir los diarios de manera gratuita y venderlos a precio normal, de esta manera recibirán la ganancia total del periódico.”

La restitución del Día del Canillita se enmarca en un contexto de fuertes enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y los grupos concentrados de medios por la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la norma que busca declarar de interés público la producción y distribución de papel de diario.

Mientras tanto, Sivendia presentó una nota en el Ministerio de Trabajo donde solicita que se observe la situación. También pretenden conocer quiénes van a ocuparse del trabajo por ese día. Si es trabajo informal, no registrado o tercerizado.

Desde 1947, los vendedores de diarios y periodistas gráficos celebraron esta fecha como día de descanso, en conmemoración a la muerte del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, quien al comenzar el siglo XX escribió y estrenó en Rosario la obra teatral Canillita, cuyo personaje era un chico que voceaba los diarios por la calle.
 

La participación de los trabajadores

Análisis de uno de los proyectos más recientes que impulsaron la Presidenta y Néstor Kirchner

En 1994 resurge en el texto de la Constitución el concepto de justicia social que había sido introducido en las reformas de 1949 y borrado por la brutal abrogación de éstas en 1956. El nuevo texto encomienda al Congreso proveer lo conducente al progreso económico con justicia social, unido al concepto de productividad.

¿Qué se entiende por justicia social? El miembro informante de la Asamblea Constituyente de 1949, Arturo E. Sampay, nos responde: “por justicia social ha de entenderse la justicia que ordena las relaciones recíprocas de los grupos sociales, los estamentos profesionales y las clases, con las obligaciones individuales, moviendo a cada uno a dar a los otros la participación en el bienestar general a que tienen derecho en la medida que contribuyeron a su realización”.

Como las ideas no se matan, los fundamentos de la Constitución de 1949 quedaron insertos en la base de nuestro ordenamiento jurídico y en la conciencia social, pese al esfuerzo de ciertos sectores de borrarlos.

Los principios sociales y el fundamento ético

Aquella Constitución explicaba con claridad algo que no es otra cosa que descripción de la realidad: a) “la riqueza, la renta y el interés del capital son frutos exclusivos del trabajo humano”; b) “el capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social; sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino”; c) “la organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social”.

Esta interpretación de la realidad social y este concepto de justicia tenían el fundamento ético expuesto por Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno, cuyos claros conceptos expresaban que la ley de justicia social “prohíbe que una clase excluya a la otra de la participación de los beneficios”, y “dése, pues a cada cual la parte de bienes que le corresponde; y hágase que la distribución vuelva a conformarse con las normas del bien común o de la justicia social”. La encíclica es de 1931, es decir dieciocho años anterior a 1949.

La empresa como servicio a la comunidad y a sus integrantes

Ahora bien: después de explicar en qué consiste la justicia social y su relación con la distribución del beneficio empresario, haremos una breve relación sobre la naturaleza y función de las empresas.
Como lo explica el texto de la Constitución peronista, la única fuente de riqueza –después de la dotación natural- es el trabajo humano. También el capital es trabajo humano acumulado.

Entonces debemos preguntarnos ¿qué es la empresa? La empresa es un agrupamiento que tiene por propósito satisfacer necesidades humanas. Las necesidades de los integrantes del grupo y de los otros a quienes está destinado el producto.Es decir que la legitimidad de la empresa está dada porque su fin es satisfacer necesidades humanas y la legitimidad del beneficio está en satisfacer las necesidades del grupo que trabaja en la empresa, desde los integrantes dedicados a organizar la producción, pasando por quienes manejan las máquinas hasta los que limpian el piso, todos los cuales merecen ser considerados con dignidad y consideración de que su trabajo, en conjunto, conforma el producto de la empresa.

Los cambios en la valoración

Durante mucho tiempo se equivocó la valoración del trabajo humano y se pensó en términos diferentes a los que hemos expuesto.
En la Argentina el cambio conceptual fue dado por la doctrina de Perón y sus principios sociales, cuya esencia respecto del tema que nos ocupa se insertó en la Constitución de 1949. Pero debemos aclarar que el texto 1853-1860 no contenía una definición de la propiedad amparada por los artículos 14 y 17.

La propiedad fue definida por el Código Civil, dos décadas después de sancionada la Constitución de 1853, de manera diferente al señorío de las leyes españolas vigentes hasta entonces. Y el derecho a ejercer toda industria lícita que también enuncia el art. 14 de la CN fue reglado por un número indefinido de leyes.El concepto de propiedad quedó entonces en las definiciones de la Corte Suprema, hasta que la Constitución de 1949 incorporó a ella los principios sociales establecidos por Perón.

Pero en 1956 un bando militar abrogó la Constitución de 1949. Y en 1957 una Convención Constituyente también convocada de facto ratificó tal abrogación.La Constitución de 1949 fue el primer desaparecido por obra ilegítima de un gobierno ilegítimo.

Las normas constitucionales vigentes

Pero, en medio de la crisis de su ilegitimidad, la convención de 1957 pudo sancionar un artículo, que fue llamado “14 bis” o “artículo nuevo”, más tarde ratificado por la Convención de 1994 y tenido por vigente por las Cortes Supremas desde 1957.
Ese extraño texto, que nunca pudo tener ni número propio, enuncia la protección de los derechos del trabajador. Entre ellos la “participación en las ganancias de las empresas”. Al advertir que cuando hoy se propone legislar sobre la participación de los trabajadores en el beneficio de las empresas, algunos han argüido que esa participación sería inconstitucional, me asombro.

Pero hay algo más. En 1994 se sancionó el inciso 19 del artículo 75, que encomienda al Congreso “proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia social, a la productividad de la economía nacional…” etc. Por lo que entiendo que el Congreso está facultado no solamente para reglar la participación de los trabajadores en el beneficio de las empresas, sino también su participación en la programación y dirección de las mismas.

Todo en su medida y armoniosamente.

La reinstalación del tema

¿Por qué reaparece este tema ahora, en el año 2010? Por el crecimiento de la actividad económica y del beneficio empresario.
El crecimiento de la actividad económica va unida a un aumento de la productividad del trabajo. Es decir que cada trabajador produce más en un mismo tiempo laboral, con lo que la empresa aumenta sus beneficios. Y la consecuencia puede ser: a) que esa mayor productividad mejore el provecho de cada trabajador; b) o que se apropie del beneficio otro sector o la distribución sea desigual entre los integrantes de la empresa.

Esta segunda opción es rechazada por las organizaciones de trabajadores que aumentan su representatividad en la medida que ha aumentado la ocupación laboral. También es rechazada por los ciudadanos con sed de justicia. Entonces la justa distribución del beneficio entre los integrantes de la empresa es necesario que sea regulada para que el conflicto entre trabajadores y empresarios no lleve a un tironeo constante por los salarios y su repercusión en el precio de bienes y servicios.La justicia en la distribución no solamente es buena por ser justa. También porque la injusticia afecta la paz social.

Cuando hay desajustes y ajustes nadie se beneficia legítimamente. Ni los integrantes del conjunto que llamamos empresa ni los miembros de la comunidad a la que está destinada la producción. Sólo pueden obtener un beneficio circunstancial los aprovechadores de la plusvalía.

El fin de Estado es el bien común y la legislación debe ser el ordenamiento hacia ese fin.

Por Felipe A. González Arzac, ex Conjuez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; ex profesor de Derecho Constitucional y de Instituciones de Derecho Público.
Para: Miradas al Sur, 6 de noviembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

¿Cambiar ahora el mapa sindical?

Tras la demostración popular de apoyo al gobierno y confianza en la progresividad de sus políticas, y siendo que el oficialismo considera prioritaria su política de empleo, ¿insistirá esa centroizquierda en su prédica antiCGT?


 
Sin dudas, la muerte de Néstor Kirch-ner demanda nuevos esfuerzos populares. El más urgente, sostener a la presidenta Cristina Fernández, alentar con aun más empeño sus políticas inclusivas, para que sean profundizadas, y ahuyentar al enemigo agazapado, que acecha.

Ya sin entrarles a los vergonzantes editoriales de los diarios que ya sabemos, ¿qué, si no un velado pedido de rendición, fue lo que expresó Bergoglio en su homilía del mismo día de la muerte? Lo que el cardenal dejó suspendido en el aire, a medio decir, lo expresaron con todas las palabras conspicuos dirigentes opositores: “retomar el diálogo” y “gobierno de concertación”. 

Por el contrario, la masividad de la respuesta popular ante el duro golpe del fallecimiento puso las cosas en un sitio opuesto por el vértice. Desde su sabiduría de madres y viejas conocidas del dolor, las Madres de Plaza de Mayo fueron las primeras en iniciar una campaña por la reelección de la actual mandataria, al tiempo que emitieron al día siguiente del velorio un seco comunicado, aunque amistoso, referido a la conducción de la CGT. “Precisamos de todos los donantes (de sangre) para seguir avanzando en este proyecto de cambios profundos que encarna el gobierno nacional y popular”, firmó Hebe de Bonafini. También la de Hugo Moyano.
Ya antes del deceso de Kirchner, los representantes de las cámaras empresariales se habían juntado tras el crimen de Mariano Ferreyra, para sobreactuar algo así como la congoja, y condenar el asesinato del joven militante, no sin antes echarles la culpan por tal situación a “los excesos verbales como los difundidos días pasados en boca de importantes dirigentes sindicales”. Sugestivo.

Se referían, claro, al acto cegetista en River y al proyecto de ley de reparto de un porcentaje de las ganancias patronales entre los trabajadores que la generan. A minar la juntura CGT-CFK ya apuntaban las lanzas enemigas; desde el miércoles 27 lo harán de modo aun más enfático.

La lucha de clases no se detiene nunca.

La prudencia impuesta por el funeral no diluirá la guerra de baja intensidad contra el gobierno que surge desde las entrañas mismas de ciertos resortes estatales. Y ese, por caso, no es un escollo menor. Por esas grietas de la letra chica de las instituciones republicanas se filtran los golpistas de toda laya que abundan en América Latina. A propósito, el caso argentino está en desventaja en ese punto: los gobiernos progresistas de Venezuela, Bolivia y Ecuador emprendieron a poco de andar una profunda reforma constitucional, para viabilizar los cambios sociales y políticos a los que apuntaban. En Honduras, fue abortada violentamente.

En la Argentina,  las transformaciones de los últimos años tuvieron el soporte de las propias estructuras estatales, legales y políticas preexistentes, que si bien los permitieron, también incuban su finitud. En el caso del Poder Judicial este síndrome se vuelve dramáticamente evidente.

Tras el crimen de Ferreyra, y antes de la muerte del santacruceño, abundaron lecturas según las cuales al ponderar la alianza con la CGT el kirchnerismo pierde la posibilidad de sumar para sí al electorado de centroizquierda, que será crucial para ganar las elecciones en 2011.

Tras la demostración popular de apoyo al gobierno y confianza en la progresividad de sus políticas, y siendo que el oficialismo considera prioritaria su política de empleo, ¿insistirá esa centroizquierda en su prédica antiCGT? ¿Rumiarán a todo o nada contra los intendentes conurbanos? ¿O advertirán las rugosidades propias del peronismo?

Desde ese impreciso espectro político le sugieren al gobierno conformar urgentemente un nuevo eje de aliados sindicales: con las comisiones internas de base, las nuevas experiencias antiburocráticas, y la CTA (en este caso obviando deliberadamente el dato de su virtual fraccionamiento), en desmedro de los sindicatos de mayor convocatoria y nivel de afiliación, enrolados en la CGT. Sin embargo, ¿qué garantía de poder real, concreto, efectivo, ofrece ese conglomerado informe de experiencias sindicales heterodoxas?

En 2009, un mes antes de las elecciones del 28 de junio, la CTA (todavía unida) realizó un paro general de sus gremios adheridos contra el gobierno. Centralmente, no pedía aumento de salarios, ni el fin de los tercerizados, sino que se le concediera la personería gremial. Hasta Mariano Grondona y Hugo Biolcati reclamaron la habilitación formal para la CTA y el derecho a la libre agremiación sindical para los trabajadores, presupuesto liberal si los hay. Aquella fue la única huelga general política que sufrió el mejor gobierno de los últimos 60 años argentinos.

Hay más: el día de la media sanción en Diputados a la Ley de Medios, los metrodelegados hicieron una huelga de notable impacto en las clases medias de la gran ciudad capital. Igualmente desacertada, estuvo la comisión interna de ATE-Indec en su proceder durante el conflicto con el gobierno. No debe olvidarse que, a poco de iniciarse aquella disputa, se le ofreció a ATE la dirección del Instituto de Estadísticas, algo absolutamente desmedido si se tiene en cuenta la real fuerza organizativa de ese gremio, no sólo dentro del Indec, sino en todas las reparticiones del Estado: su padrón de afiliados es sensiblemente menor que el de UPCN. Sin embargo, la comisión interna de ATE, hegemonizada por militantes de la UCR, declinó el ofrecimiento, que supondría mejoras inmediatas para sus representados (por ejemplo, el pase a planta de decenas de contratados), cegó su estrategia, y optó por politizar por demás el conflicto, que llamó “intervención”, llevando a un punto sin retorno el enfrentamiento con el gobierno.

Por el contrario, fue la conducción de la CGT (que no integran Pedraza, Cavalieri, Daer, ni Lescano, porque una cosa es pertenecer a la CGT, y otra muy distinta es no sacar los pies del plato) quien dio la nota con su decisivo apoyo a las políticas más progresivas del kirchnerismo.

¿Cómo se explica el pico de rating y popularidad que han ganado repentinamente el PO y demás expresiones de la izquierda? Se entiende: el PO marchó junto a Juan Carlos Blumberg y el MIJD de Raúl Castells para pedir seguridad y leyes más duras en 2004, meses después de la expropiación de la ESMA por parte del gobierno de Néstor Kirchner, hecho a partir del que estructuró toda su política en materia de Derechos Humanos. Desde ahí, esa multitud de siglas presumidamente clasistas no menguó su férrea oposición al gobierno y, al tiempo que ninguneó lo más progresivo del kirchnerismo, festejó sin sonrojarse el voto “no positivo” de Julio Cobos. Ni el dolor popular expresado por millones en las calles los mueve a una mueca de humildad.

¿Es ese el nuevo exponente del espectro gremial que superará a la CGT y a las formaciones sindicales del peronismo, incluido el PJ? Si así fuera, ¿a quiénes les sirve un sindicalismo así, sin vocación de poder, sin estrategia de acumular para incidir severamente en las contradicciones mayores (y no las secundarias) que distinguen a la sociedad capitalista?

¿Cómo se entiende que en los días siguientes a la muerte de Mariano Ferreyra la izquierda partidaria haya aprovechado miserablemente su ímpetu en las calles para emprender una campaña de afiches contra la ley de reforma política, que según ellos los proscribiría? ¿No sintió el argentino medio vergüenza ajena luego de leer el comunicado ante la muerte de Néstor Kirchner, en que el PO atribuye el infarto fatal a las “contradicciones insuperables de una política y de un régimen político” que se expresarían en el crimen de Ferreyra?

Está visto: en hondos procesos de transformación, la política se complejiza por demás. Los intereses se cruzan, lo sutil se vuelve evidente, y al revés. ¿Seguirá esa obtusa izquierda sirviéndoles en bandeja argumentos a la diestra más atroz? ¿Cambiarán de una vez, o querrán convertirse –cometiendo un error imposible de remendar– en la “columna vertebral” del horrendo cuerpo de la derecha?

Por Demetrio Iramain

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Tercera parte del memorable programa de 6,7,8 del 27/10/2011

Segunda parte del memorable programa de 6,7,8 del 27/10/2011

Primera parte del memorable programa de 6,7,8 del 27/10/2011

El nombre de Kirchner



Una pancarta hecha y sostenida por manos inexpertas sintetiza, para mí, lo caudaloso del legado de Néstor Kirchner, la intensidad con la que tocó hondamente el alma de millones de argentinos. En letras bien visibles y desprolijas se podía leer: “Los gitanos de Santa Cruz te recordaremos por siempre Lupo, fuerza Cristina”. Ese puñado de familias gitanas que al costado del camino que lleva al cementerio de Río Gallegos sostenían, en medio del frío y del viento crepuscular, ese cartel de agradecimiento se contraponía, dramática y decisivamente, a las nuevas formas del racismo y la exclusión europeas.

Mientras que en Francia Sarcozy expulsa a los gitanos, en nuestro país se acoge con enorme generosidad, y gracias a una ley impulsada por este Gobierno, a los migrantes que buscan habitar nuestro suelo. Los gitanos simbolizan, con su sufrimiento, a los pueblos humillados y excluidos por los ricos del planeta, mientras que en nuestro continente, tantas veces saqueado y lastimado por esos mismos poderes, vemos de qué modo corren otros vientos que encontraron en nuestro país, y en el giro histórico que significó la llegada a la presidencia de Kirchner en el 2003, la fuerza de la hospitalidad.

Parece una anécdota menor, una nota de color en medio de un acontecimiento estremecedor que marca una inflexión en el derrotero de la Argentina; y sin embargo, es la metáfora de una manera de concebir la política y de imaginar los caminos de la reparación de una sociedad fragmentada y profundamente dañada por décadas de degradación y de concentración en pocas manos del poder económico. Kirchner, en todo caso, quebró, de modo inesperado, el rumbo inercial de una sociedad devastada y atrapada entre las redes de poderes implacables e inclementes que fueron desmontado, con siniestra prolijidad, tanto la realidad como la memoria de una época más equitativa en la que los derechos tenían como eje al mundo de los trabajadores.

Kirchner como el nombre de una reparación, como el santo y seña de un giro que habilitó la restitución de derechos y de memoria, pero también como el nombre de una refundación de la política sacándola del vaciamiento y la desolación de los ’90. Y haciéndolo de manera transgresora, pero no al modo de la banal “transgresión” del menemismo, sino quebrando el pacto ominoso de la clase política con las corporaciones, tocando los resortes del poder y haciendo saltar los goznes de instituciones carcomidas por la deslegitimación. Kirchner como el nombre de una insólita demanda de justicia en un país atravesado por la lógica del olvido y la impunidad.

Ese nombre tantas veces gritado y llorado en estos días guardaba dentro de sí, y como un mentís histórico al fraude mediático, la verdad de lo negado, la verdad de aquello que quiso ser ocultado, el gesto desenfadado de quien había creado las condiciones, tal vez inimaginables años atrás, de una esencial reconstrucción no sólo de la economía sino, fundamentalmente, de la vida social, cultural y política envilecida por décadas de degradación y asoladas por algunas marcas indelebles como lo fueron la dictadura, la desilusión de Semana Santa y de las leyes de la impunidad, la caída en abismo de la hiperinflación, la frivolidad destructiva del menemismo y la desesperación posterior a las jornadas de diciembre del 2001.

Kirchner como un giro de los tiempos, como la trama de lo excepcional que vino a romper la lógica de la continuidad. Raras y hasta insólitas las épocas que ofrecen el espectáculo de la ruptura y de la mutación; raros los tiempos signados por la llegada imprevista de quien viene a quebrar la inercia y a enloquecer a la propia historia redefiniendo las formas de lo establecido y de lo aceptado. Extraña la época que muestra que las formas eternas del poder sufren, también, la embestida de lo inesperado, de aquello que abre una brecha en las filas cerradas de lo inexorable que, en el giro del siglo pasado, llevaba la impronta aparentemente irrebasable del neoliberalismo.

Es ahí, en esa encrucijada de la historia, en eso insólito que no podía suceder, donde se inscribe el nombre de Kirchner, un nombre de la dislocación, del enloquecimiento y de lo a deshora. De ahí su extrañeza y hasta su insoportabilidad para los dueños de las tierras y del capital que creían clausurado de una vez y para siempre el tiempo de la reparación social y de la disputa por la renta. Kirchner, de una manera inopinada y rompiendo la inercia consensualista, esa misma que había servido para reproducir y sostener los intereses corporativos, reintrodujo la política entendida desde el paradigma, también olvidado, del litigio por la igualdad.

En el nombre de Kirchner se encierra el enigma de la historia, esa loca emergencia de lo que parecía clausurado, de aquello que remitía a otros momentos que ya nada tenían que ver, eso nos decían incansablemente, con nuestra contemporaneidad; un enigma que nos ofrece la posibilidad de comprobar que nada está escrito de una vez y para siempre y que, en ocasiones que suelen ser inesperadas, surge lo que viene a inaugurar otro tiempo de la historia. Kirchner, su nombre, constituye esa reparación y esa inauguración de lo que parecía saldado en nuestro país al ofrecernos la oportunidad de rehacer viejas tradiciones bajo las demandas de lo nuevo de la época.

Con él regresaron debates que permanecían ausentes o que habían sido vaciados de contenido. Pudimos redescubrir la cuestión social tan ninguneada e invisibilizada en los ’90; recogimos conceptos extraviados o perdidos entre los libros guardados en los anaqueles más lejanos de nuestras bibliotecas, volvimos a hablar de igualdad, de distribución de la riqueza, del papel del Estado, de América latina, de justicia social, de autonomía de los poderes económicos centrales. Casi sin darnos cuenta, y después de escuchar azorados el discurso del 25 de Mayo de 2003, nos lanzamos de lleno a algo que ya no se detuvo y que atraviesa los grandes debates nacionales. El nombre de Kirchner, su impronta informal y desacartonadora de discursos y prácticas, nos habilitó para volver a soñar con un país que habíamos perdido en medio del desierto de una época caracterizada por las proclamas del fin de la historia y la muerte de las ideologías e incluso de la política.

El nombre de Kirchner convertido para miles y miles de jóvenes en Néstor, en una mezcla de padre y de compinche, en uno más que se entramaba con la emergencia, también inesperada y formidable, de la participación y de fervores desconocidos que remitían a otra Argentina. Los jóvenes supieron de qué va el nombre de Kirchner, descubrieron qué se guardaba en ese flaco desgarbado que dejó una marca indeleble y que hizo descender sobre todos nosotros, y al mismo tiempo, la tristeza infinita por su muerte con la potencia y la energía de saber que todo está allí, junto a Cristina, para transformar la sociedad y volverla más justa, solidaria y festiva.


Por Ricardo Forster-BAE

Te tenemos que pedir perdón, flaco

Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte. Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.



 

 
 
Lo que te puteamos, flaco. Las cosas que dijimos de vos cuando en la imbécil tentación del engreído revolucionario decíamos que vos eras el monigote de Duhalde. Las marchas que te hicimos. Queríamos decirles a los argentinos que estabas dilapidando nuestra plata dándosela en bandeja al FMI.

Cuántas palabras envueltas en desprecio y sorna. Instruidos en las sabias esgrimas marxistas, enumerábamos los siniestros enemigos de los que te rodeabas. Casi, casi, te ordenábamos que fueses puro. Como nosotros.
En los rudos textos, en las vehementes intervenciones radiales, despedazamos tus confusas relaciones con el poder. Claro que sí, qué otra cosa era un hombre saludando a Bush con una sonrisa. No prestabas atención a nuestra pedagógica manera de llevar adelante el protocolo.
El propósito era que nos escuchases. Que leyeras nuestros volantes, nuestros afiches, nuestras banderas. Tenías que hacerte, de un día para otro, justiciero expropiador de todos los sinvergüenzas. Tenías que rendirte ante nuestras luchas.
Queríamos ser testigos de un milagro que honrara a nuestros santos leninistas: la conversión acelerada de un político burgués a tigre trotskista, como aquel que posa en nuestros posters.

Queríamos verte echando a todo tu staff, tus ministros, tus amigos, tu familia, desprendiéndote de cuentas bancarias, bienes, alquileres. Si era posible, Flaco, tenías que tirar los mocasines y la birome Bic. Y desafiliarte del PJ.
Un día, nos enteramos que hablabas en la ESMA. Que entrabas allí con las viejas y con los hijos. Pedazo de oportunista, dijimos. Luego, procuramos escuchar bien aquello que decías. “Como presidente de Argentina, vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades.”
Carajo. Exasperabas nuestra incredulidad eterna. De pronto, un presidente argentino, de la Casa Rosada, les pedía perdón a las Madres; a las mismas Madres que un tiempo atrás (diciembre 2001) habían sido gaseadas, mojadas, atropelladas por caballos por los infames de la Casa Rosada.
Ebrios de indiferencia, pensamos que debíamos aplaudir ese gesto, no más de 24 horas. No podíamos ser aventurados en el elogio. No tolerábamos que no cumplieras, una a una, todas nuestras utopías.
Ni cuando aprobaste la jubilación para los que no tenían aportes. Incluida nuestra vieja, y nuestra suegra.
Ni cuando le brindaste a Chávez, y a otros, el escenario adecuado para mandar a la misma mierda el asesino ALCA. Ni cuando le sacaste el fútbol de las manos al pulpo eterno. Ni cuando quisiste poner un poco de justicia con la 125 cumpliendo tu máxima peronista de llegar al fifty-fifty. Ni cuando desafiaste a Clarín y sus tentáculos. Ni cuando ideaste el final del monopolio de Papel Prensa.
Ni cuando impulsaste el matrimonio igualitario. Ni cuando te enojaste con las claudicaciones de la ex intachable Corte. Ni cuando apagaste las privatizaciones de Aerolíneas, el saqueo de las AFJP, el choreo macrista del Correo.
Ni cuando te extenuaron los impostores, los Alberto Fernández, los Lavagna, los Solá, los Cobos, los Pedraza.
Ni cuando apoyabas una ley que resolviera un cacho de participación en las ganancias. Ni siquiera cuando tu última opinión sobre los burócratas sindicales contenía una frase premeditada: “Hay que dar con el último de los autores intelectuales del crimen de Ferreyra.”

Ahora que estás en Santa Cruz, rodeado de los combativos mineros de Río Turbio que adorábamos en los ’90, ahora es como un poco tarde, flaco.
Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones.

 Y que pensábamos votarte.

Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.

Pablo Llonto
Publicada originalmente en <hipercrítico.com>.<

Antonio Cafiero: “Cristina es una líder natural”

Un adjetivo inseparable de la figura de antonio cafiero (88) es “legendario”.

Estuvo en los funerales de Evita y Juan Domingo Perón, de Raúl Alfonsín y, ahora, de Néstor Kirchner, de quien destaca su influencia para hacer de la juventud el motor clave de este momento del peronismo que describe como de “explosión”. Y el ex gobernador bonaerense, actual titular de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina, no duda: el próximo presidente debe ser peronista, y la indicada es Cristina Fernández. Habló con Cristian H. Savio. Extractos:

¿Qué impresión le dejó la movilización popular en el velorio de Néstor Kirchner?

No era la primera vez que me tocaba asistir a las exequias de un presidente, pero ésta tenía un significado especial. Era un hombre joven, lleno de energía, que había cambiado muchos aspectos de la política argentina.

Usted estuvo en los funerales de Evita, Perón y Raúl Alfonsín. ¿Por qué éste es especial?

Ninguno para mí tuvo la impronta del sepulcro de Néstor. Quizás por lo sorpresivo de su fallecimiento. En los casos de Perón y Evita, todos sabíamos cuál era el desenlace próximo; en el caso de Néstor ni lo imaginábamos. Así que no sólo fue la sorpresa, sino la conmoción que me produjo.

En casos así, ¿se replantea su idea acerca de la muerte?

Nunca pensé en la muerte. Ni siquiera en la mía. Tampoco en este caso. Lo llamativo de esto es la multitud que acompañó los restos de Néstor. Es un símbolo revelador, pese a los malos augurios, de que el peronismo sigue con enorme fuerza convocante. Este súbito despertar y movilizarse de la juventud es uno de los hechos que más atrajeron mi atención.

¿No le parece que hace nueve años era inimaginable una Plaza de Mayo repleta de jóvenes llorando la muerte de un líder político?

Es cierto. Tal vez muchos de esos jóvenes pasaron del “que se vayan todos” y el repudio a los políticos y la política a esta entrega total a un líder político. Néstor hablaba a los jóvenes de un nuevo modelo nacional y popular y del protagonismo que deberían asumir para defenderlo.

¿Cómo era su relación con Kirchner?

No teníamos una relación íntima, pero sí una recíproca simpatía. Recuerdo cuando nos encontramos en Santiago de Chile, para asistir a la toma de mando de Michelle Bachelet. Néstor se me acercó, me abrazó, me recordó que durante su militancia estudiantil utilizaba mucho un libro que yo había escrito en defensa del gobierno peronista,  “Cinco años después”, y me dijo afectuosamente: “Antonio, usted sabe que yo lo quiero mucho”. Le agradecí sus expresiones.

¿Cómo sigue ahora el peronismo?

El peronismo vive un proceso de explosión, contrario a lo que muchos han sostenido de la inevitabilidad de su división. Está en un momento de explosión por la irrupción de nuevas generaciones y por el papel que adquirió en el mundo, porque está a la cabeza de las corrientes políticas que vienen sosteniendo la idea de un mundo más justo y de valores más allá de las cuestiones socioeconómicas.

¿Quién es el principal enemigo del Partido?

El enemigo está dentro del peronismo: en la incapacidad de muchos dirigentes de abrir los caminos de la unión entre los peronistas que, a mi modo de ver, es la gran condición, no sólo para reforzar la gobernabilidad del país; también para alcanzar la unión de los argentinos, lo que es difícil sin la unión del peronismo.

¿Quién va a ser el próximo presidente?

Si queremos construir la Argentina del futuro, no hay otro camino que el peronismo, que contiene todas las esperanzas de una Argentina unida y victoriosa. El peronismo predica la unidad en la diversidad. Esto, que algunos ven como un síntoma de debilidad, para mí es su verdadera fortaleza.

¿Pero da lo mismo un presidente kirchnerista que un peronista disidente?

No es lo mismo. Tiene que ser capaz de continuar las reformas que Néstor introdujo.

¿Y a quién vislumbra?

La persona más indicada es la propia Cristina Kirchner, que ha surgido como una líder natural y popular que empieza a ser amada por el pueblo, siguiendo el derrotero de otros grandes líderes del peronismo.

¿Como Evita?

Hay algo en ella que me hace recordar la figura de Evita. Sin ir más lejos, el amor que profesó a su esposo. Pero no es Evita ni podría serlo. Cada tiempo histórico tiene sus requerimientos. Hay figuras que no se repiten en la Historia, y mal haría Cristina en querer convertirse en “otra Evita”.

¿Habló con ella en estos días?

El día de las exequias de Néstor me acerqué a ella, la abracé y le dije: “Cristina: fuerza. Sabés que te acompaño en todo”. Me miró y me dijo: “Ya lo sé, Antonio”. En aquellos momentos yo creía percibir una cierta sorpresa en Cristina por mi presencia en el velatorio. No había sido un colaborador íntimo, y hubo momentos en los que me resultaba difícil tener comunicación con ella. Pero esa mañana todas mis dudas se disiparon. Sé que me agradeció profundamente mi presencia, y tal vez había ráfagas en su memoria de aquellos momentos en que luchamos juntos en el Senado o en la Convención Constituyente de Santa
Fe

Cristina Savio-El Argentino

martes, 2 de noviembre de 2010

Entrevista a Moyano en CN23

La continuidad está asegurada




Dilma recibe apoyo para seguir con el programa económico de Lula


La mandataria electa prometió un mayor control del gasto público, siempre y cuando no se comprometan los programas sociales, gracias a los cuales unos 30 millones de brasileños salieron de la pobreza, según datos oficiales
 


Las grandes líneas de la política económica que Dilma Rousseff trazó en su primer pronunciamiento como presidenta electa de Brasil, en el que prometió continuidad y prudencia fiscal, recibieron el primer aval de una agencia internacional calificadora de riesgo. Standard & Poor’s –una poderosa guía para el establishment brasileño– dijo que en un ambiente como el actual, de crecimiento económico e inflación controlada, la adopción de una política fiscal como la anunciada por Rousseff permite prever una mejora de la calificación de riesgo de Brasil.

En el discurso que pronunció tras su elección como primera presidenta de Brasil, Dilma confirmó que en materia económica poco cambiará con respecto al rumbo ya trazado por su tutor político, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, dio pistas sobre algunas medidas complementarias que podría adoptar. La ex ministra de Lula, que será la primera economista en asumir la Presidencia del país, citó específicamente el control del gasto público, aunque sin comprometer los programas sociales.

Ni el mercado ni los analistas esperan grandes reformas de una presidenta que fue clave para definir el actual rumbo económico, y menos en momentos en que Brasil marcha a paso firme para situarse entre las cinco mayores economías del mundo. Según una encuesta divulgada ayer por el Banco Central, los economistas de los bancos privados prevén que el país crecerá un 7,6% este año, su mayor nivel en dos décadas, y que mantendrá un crecimiento superior al 5% a partir del año próximo.

Hasta el frustrado candidato presidencial de la oposición, José Serra, se abstuvo de prometer grandes reformas económicas y, por el contrario, elogió las medidas con las que Lula enfrentó la crisis mundial y que le permitieron a Brasil convertirse en uno de los primeros países en superarla. Serra tampoco podía criticar los pilares de la política económica, simplemente porque Lula mantuvo las que habían sido implementadas por su antecesor, Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), de quien Serra fue ministro de Planificación. Esas bases con las que también se comprometió Dilma son: inflación y gasto público bajo control y régimen cambiario libre.

En el discurso con el que celebró su triunfo, Dilma reiteró el compromiso de reducir el gasto público, que en los últimos meses había crecido hasta poner en riesgo el objetivo de cerrar el año con un superávit fiscal primario del 3,3% del producto bruto interno (PBI). “Haremos todos los esfuerzos para mejorar la calidad del gasto público, para simplificar y reducir la tributación, y para optimizar los servicios públicos”, dijo. La presidenta aclaró expresamente que esa conducta fiscal no comprometerá los programas sociales y de distribución de renta puestos en marcha por Lula y que, según estimaciones oficiales, permitió que 30 millones de brasileños salieran la pobreza.

La futura presidenta dijo que para mejorar el gasto público sin comprometer el ajuste fiscal ni poner en riesgo la inflación, y al mismo tiempo estimular la economía, impulsará una reducción de los tipos de interés, actualmente del 6% en términos reales, uno de los mayores del mundo. Dilma, definida como una economista  de la escuela desarrollista, también anunció que pondrá mayor énfasis en la promoción del mercado interno. Con las exportaciones en baja por la crisis internacional y la fuerte apreciación del real, el consumo de las familias en un país de 180 millones de habitantes, y que crece a un ritmo de casi el 8% anual, se convirtió en el gran motor del auge económico. 
 
Tiempo Argentino-2 de Noviembre

Habrá que hamacarse; la base está

Mitos y lecciones en la comparación con el ’74. Un espacio con polenta, proyecto y conducción
Entre la muerte de Perón y la de Néstor Kirchner, hay fantasmas que se exacerbaron con la peor de las malas leches, junto con alguna lección que acaso convenga retomar. Son dos contextos radicalmente distintos: no hay ni las violencias de entonces ni la amenaza de un poder militar que en el contexto americano de entonces, iba a llegar al poder sin necesidad de guerrilla. Que haya que aventar alguna semejanza entre Cristina e Isabel es un insulto para la trayectoria y la capacidad de la Presidenta, un cuadrazo.

Que hubo una enorme centralidad de Kirchner a la hora de contener la diversidad del peronismo, es cierto. Y que habrá que hamacarse para seguir encausando ese espacio hacia el 2011, también lo es. Pero éste no es el peronismo que implotó en el ’74. Inevitablemente, en un mapa político fragmentado, es menos dominante que el de los ’70. Es también un peronismo con algo de anómalo, al que aporta y mucho una transversalidad –eterna construcción inacabada– nutriente, enriquecida por nuevos lazos sociales y representaciones.

Si el del ’74 era un peronismo con rasgos abyectos, algunas de sus antiguas partes hoy están afuera y no parecen representar una amenaza. No hay en el kirchnerismo ni Triple A ni fascistas, aunque sí algunos pliegues oscuros en sus periferias. Y si más de uno participó de la experiencia menemista, los que conducen y marcan proyecto son otros.
También desde la mala leche, en estos días se publicaron columnas que hablaban de la contradicción entre la componente setentista de Kirchner y su apoyatura en la CGT. Olvidan a posta o por ceguera la complejidad de la CGT y el lugar que el MTA ocupó durante el menemismo. Pero además se podrían invertir los términos: ¿no podría leerse como un avance en términos de “convivencia democrática” que esos sectores confluyan, aún cuando tengamos recelos con los modos de hacer política de algunos sindicalistas? Pide diálogo la derecha. Ahora, con la CGT no, con los movimientos sociales no, con las Madres no, con Correa y Chávez tampoco y cuando se acuerda con el centroizquierda, el centroizquierda traiciona o se vende.

Hay una izquierda o una progresía kirchnerista que desde siempre pidió, con la prudencia necesaria, mejores modos de construcción política. Quien escribe lo deslizó desde este mismo espacio y quien escribe debe admitir que es fácil hacer esos reclamos desde la pura escritura, como si la política, –lo decía muy bien Alfonsín– se hiciera “en condiciones puras de laboratorio”, o como si fuéramos una sociedad angelical. Iniciar una nueva etapa de mayor apertura interna o de mejor diálogo con la oposición. Sí, suena deseable. ¿Pero acaso se puede confiar en la voluntad de diálogo del grueso de la oposición? Néstor no fue del todo diestro o abierto cuando se trató de delegar, dijimos y decimos los que pedimos más articulación. Lo pudimos decir desde los espacios mismos del kirchnerismo (Carta Abierta es un ejemplo), lo que cuestiona la sospecha de que hayamos sido víctimas de un Ceaucescu, aquejados por el síndrome de Estocolmo. Ahora bien, hacia nosotros mismos y hacia la oposición mediática y política: ¿hasta dónde Kirchner no armó, no construyó? ¿Cómo demonios hizo para pasar de los 22 puntos maltrechos que lo llevaron a la presidencia para salir de ella con el 70 por ciento de imagen positiva? ¿Qué otro político argentino, hoy, congregaría la cantidad de gente que congregó Kirchner en su velatorio, desde los miles de sueltos a los miles de organizados, paridos a partir del ciclo de Cristina?

A esa acumulación política que le dio potencia, prestigio y gobernabilidad al kirchnerismo los santos de la institucionalidad no le llaman ni diálogo ni consenso: le llaman “poder”, le llaman “billetera”, le llaman “caja”. La “caja” de más de 50 mil millones que heredará quien sea que suceda a Cristina, ojalá que ella misma.

La distancia histórica acerca de los logros y debilidades del ciclo kirchnerista la tendremos dentro de muchos años. Pero la muerte de Néstor Kirchner, de dolorosa manera, permite acelerar ese proceso de análisis. Y es verdaderamente muy fuerte. Minga que estábamos condenados al éxito, como solía decir Duhalde. Veníamos de tierra arrasada, del Que se Vayan Todos, del Estado destruido, de un país con un cartel de alquiler puesto y el último que apague la luz. Pasamos en tiempo récord de las colas en las embajadas al país del Bicentenario, un producto del acumulado kirchnerista más una fortísima impronta de Cristina, que participó desde la concepción al bordado fino de esa fiesta. Fue ella también la que pudo salir con fuerza de los tormentosos primeros meses de Gobierno, del lock-out agrario y de la derrota electoral, con niveles de imagen y de intención de votos en constante avance, esos que tanto enfurecen a la derecha mediática y corporativa.

¿Leyeron bien la bajada de tapa de Clarín al día siguiente del fallecimiento? “Condujo al país en la salida de la gran crisis. Renovó la Corte, negoció con éxito la deuda e impulsó los derechos humanos. Su estilo confrontativo lo llevó a perder la pelea con el campo. También avaló la manipulación del Indec y embistió contra los medios independientes”. Siendo que no compartimos la valoración de la pelea “con el campo y los medios”, el resultado es un gobierno de nueve puntos. Lo anotó Julio Blanck, en un largo texto de 15 párrafos. En el párrafo número 14, escondido en medio de la mala onda, Blanck asentó esto, resaltado en negrita: “Néstor Kirchner fue un muy buen presidente que debió atravesar un tiempo saturado de peligros”.

Son vuelteros, son mañosos, son como chicos con berrinches. Manejan a sus candidatos como a juguetes. Se la agarran uno a uno con sus muñecos: primero los levantan, los agitan en el aire, después los golpean contra el piso, acusándolos de inútiles. A cambio, hay una fuerza polentosa y una Presidenta de lujo. Habrá que hamacarse en los meses que vienen. Hay con qué pelearla.

Eduardo Blaustein-Miradas al sur

lunes, 1 de noviembre de 2010

Fuerza Compañera!!!!

“Ya no estás, y eso me parte al medio”



Que día tan triste, Dios. Inmensamente triste. Únicamente comparable con el día que murió mi viejo.

 
Y en la medida que se me hace carne el hecho de saber que no lo volveré a ver, más triste me pongo, sin consuelo.
Desde que el Ruso me llevó a verlo a fines de 2002 para subirme un par de meses después al avión que lo llevaba a un acto de campaña en Paraná para no bajarme más, no he dejado de admirarlo y con el tiempo de quererlo entrañablemente.
Él lo sabía muy bien.
Me conmovía ese determinismo calvinista exhibido en cada una de las cosas que emprendía.
“No puedo perder, es mucho lo que tenemos que hacer y te cuento en el equipo.” “No lo dudes un segundo.”
Increíblemente convencido y convincente.
Lo acompañé, lo escuche, lo vi actuar…
Aquella definición contundente ante la Asamblea Legislativa me mató. “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno.”
Un cuadro político inigualable. Cabrón, vehemente, con la velocidad de un rayo, guapo, decidido, buena leche, buen amigo y un brillante jefe y maestro. El mejor. Con un futuro lleno de cosas por descubrir pero plagado de política. Todo para la política.
Y hoy viene a morirse. ¿Cómo sucedió semejante cosa? Eso no estaba en los planes ni de él ni de nadie.
No encuentro respuestas. Escribo, lloro como un boludo y no encuentro respuestas.
Flaco querido: ¿Entendés que no tengo consuelo? Estoy viejo para pendejadas pero no tengo consuelo.
¿Vos creés que es por la política? No.
Sabés que la Señora es la mejor por lejos y seguirá profundizando, como lo viene haciendo hace tres años, ese modelo en el que tanto has confiado y que sin lugar a dudas resolverá definitivamente la vida a los eternamente excluidos, a los trabajadores, a los jubilados, a los que reclaman justicia, a los que sufren o han sufrido la negación de sus derechos humanos y tantos otros que pretenden que día a día mejore su calidad de vida. Ese modelo que no deja de pensar en la educación, la investigación, la salud entre otros tópicos.
No. No es por la política.
Es porque vos no estás, no estarás, y eso me parte al medio. Y no tengo consuelo.
¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué? No lo sé, no tengo respuestas, juro que no las tengo.
Te quiero mucho Flaco. Que Dios te bendiga.

Por Anibal Fernandez

ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO Y SU PERSONAJE MORDISQUITO. MONOLOGO YO NO INVENTE A PERON