El gobierno francés asegura que no variará ni un milímetro su propuesta para salir de la crisis. Pero los sindicatos no pretenden tirar la toalla ni aceptar tibias concesiones.
En 1966 René Clément llevó al cine la novela ¿Arde París? escrita dos años antes por Larry Collins y Dominique Lapierre, en la que estos reconstruían aquellos momentos previos a la liberación de París, durante la Segunda Guerra Mundial , en los que el general alemán Von Choltitz, gobernador de la capital francesa, se negó a cumplir la orden de Adolf Hitler de destruir e incendiar la ciudad antes de que cayera en manos de los aliados.
Dos años después de estrenada la película, París ardía, pero no se quemaba, era una situación muy distinta. Estallaba el Mayo del ’68, esa gran convulsión social que trascendió la lucha sindical y estudiantil, para marcar un antes y un después en la historia de Francia, consiguiendo una amplia proyección en el exterior.
En los 42 años transcurridos desde entonces ha habido muchas movilizaciones callejeras importantes en París y en el resto de Francia. La cultura del ’68 siguió estando presente, pero aún así pocos podían prever que al terminar la primera década del siglo XXI París volviera a arder como está ardiendo ahora.
Las grandes centrales sindicales están en estado de alerta permanente, con movilizaciones diarias de entre un millón y más de tres millones de personas implicadas, para intentar frenar la aprobación de la ampliación de la edad de jubilación de los60 a los 62 años.
Francia lleva semanas prácticamente paralizada. El bloqueo de los manifestantes a las doce refinerías de petróleo y al centenar de depósitos de combustible que existen en el país, ha provocado el cierre de cerca de 4.000 estaciones de servicio y las pocas que todavía tienen combustible por unos pocos días más, registran colas kilométricas.
El Gobierno envía a los CRS (fuerzas antidisturbios) a desbloquear por la fuerza una refinería o depósito de combustible y poco después vuelven a ser bloqueados por cientos de airados trabajadores.
Es una suerte de guerra de guerrillas, con no pocos brotes de violencia y enfrentamientos entre manifestantes y policías. Ya son cientos de personas las detenidas.
A la falta de combustible se ha sumado la “protesta caracol” (marcha lenta de convoyes de camiones por las carreteras para provocar grandes atascos), la huelga en los ferrocarriles, en los aeropuertos, en el subterráneo, la recogida de basura y en un sinfín de servicios y empresas.
Más de 1.000 institutos de enseñanza media y universitaria están cerrados. Según las encuestas, el 69% de los franceses aprueba las movilizaciones y reclama al Gobierno que retire su reforma de las pensiones. Las huelgas y la acción de innumerables piquetes en todo el país están afectando enormemente también el comercio y las comunicaciones de Francia con el resto de países europeos, con cientos de vuelos cancelados a diario.
Ante la presión social y callejera, el Senado suspendió el jueves por unos días la esperada votación, tras la cual debería volver ala Asamblea Nacional para su promulgación.
El presidente Sarkozy y el primer ministro Fillon han asegurado que no variarán ni un milímetro su propuesta, porque consideran que es parte esencial del ajustazo para salir dela crisis. Pero los sindicatos no están dispuestos tampoco a tirar la toalla ni a aceptar concesiones a medias.
Por el contrario, su demostrada capacidad de movilización y los resultados de las encuestas, sumados a la decisión del Senado de aplazar la votación, los alientan más a persistir en su batalla, porque entienden que se juega mucho en ella.
Seis centrales sindicales, de trabajadores, funcionarios y estudiantes, han convocado otros dos días de huelga general en toda Francia, para el próximo jueves 28 y para el 6 de noviembre.
Durante algunos de los gobiernos socialistas, los trabajadores conquistaron la reducción de la edad de jubilación de65 a 60 años (Con Mitterrand, en 1982); la jornada laboral de 35 horas semanales (con Jospin, en 1998) y muchas otras reivindicaciones avanzadas. A pesar de que los gobiernos conservadores posteriores han dado zarpazos al Estado de bienestar, los trabajadores franceses, con el apoyo entusiasta siempre de un movimiento estudiantil politizado como ningún otro en Europa, han mostrado en cada ocasión sus dientes y plantado cara al Gobierno de turno y a la patronal, obligándoles en varias ocasiones a dar marcha atrás en sus reformas laborales.
En el otoño de 2007 Nicolas Sarkozy anunció el endurecimiento de las pensiones, pero la ola de protestas y manifestaciones que provocó le hizo dar marcha atrás en su proyecto. Sin embargo, en 2008, consiguió asestar un duro golpe ala llamada Ley Aubry , la ley de las 35 horas semanales.
Si bien formalmente esta no quedó abolida, esas 35 horas semanales son más elásticas, pueden ser ampliadas si hay acuerdo con la representación sindical de una determinada empresa, negociando la forma de recompensar por esas horas extras. Cada vez son más sectores los que superan las 35 horas de jornada laboral semanal.
Por ello los sindicatos se han puesto firmes. Saben que si no logran mantener la edad de jubilación a los 60 años (es el único país europeo que tiene una legislación semejante), será otra conquista laboral importante que cae por tierra, y que tras ella irán cayendo las demás una a una irremediablemente.
Los sindicatos sostienen que las arcas públicas podrían ingresar un monto similar al que Sarkozy pretende conseguir con su reforma de las pensiones, simplemente aumentando un 0,3% la presión fiscal sobre los “bonus”, dividendos y rentas del patrimonio.
Toda Europa sigue con expectativa el desenlace de este pulso.
Dos años después de estrenada la película, París ardía, pero no se quemaba, era una situación muy distinta. Estallaba el Mayo del ’68, esa gran convulsión social que trascendió la lucha sindical y estudiantil, para marcar un antes y un después en la historia de Francia, consiguiendo una amplia proyección en el exterior.
En los 42 años transcurridos desde entonces ha habido muchas movilizaciones callejeras importantes en París y en el resto de Francia. La cultura del ’68 siguió estando presente, pero aún así pocos podían prever que al terminar la primera década del siglo XXI París volviera a arder como está ardiendo ahora.
Las grandes centrales sindicales están en estado de alerta permanente, con movilizaciones diarias de entre un millón y más de tres millones de personas implicadas, para intentar frenar la aprobación de la ampliación de la edad de jubilación de los
Francia lleva semanas prácticamente paralizada. El bloqueo de los manifestantes a las doce refinerías de petróleo y al centenar de depósitos de combustible que existen en el país, ha provocado el cierre de cerca de 4.000 estaciones de servicio y las pocas que todavía tienen combustible por unos pocos días más, registran colas kilométricas.
El Gobierno envía a los CRS (fuerzas antidisturbios) a desbloquear por la fuerza una refinería o depósito de combustible y poco después vuelven a ser bloqueados por cientos de airados trabajadores.
Es una suerte de guerra de guerrillas, con no pocos brotes de violencia y enfrentamientos entre manifestantes y policías. Ya son cientos de personas las detenidas.
A la falta de combustible se ha sumado la “protesta caracol” (marcha lenta de convoyes de camiones por las carreteras para provocar grandes atascos), la huelga en los ferrocarriles, en los aeropuertos, en el subterráneo, la recogida de basura y en un sinfín de servicios y empresas.
Más de 1.000 institutos de enseñanza media y universitaria están cerrados. Según las encuestas, el 69% de los franceses aprueba las movilizaciones y reclama al Gobierno que retire su reforma de las pensiones. Las huelgas y la acción de innumerables piquetes en todo el país están afectando enormemente también el comercio y las comunicaciones de Francia con el resto de países europeos, con cientos de vuelos cancelados a diario.
Ante la presión social y callejera, el Senado suspendió el jueves por unos días la esperada votación, tras la cual debería volver a
El presidente Sarkozy y el primer ministro Fillon han asegurado que no variarán ni un milímetro su propuesta, porque consideran que es parte esencial del ajustazo para salir de
Por el contrario, su demostrada capacidad de movilización y los resultados de las encuestas, sumados a la decisión del Senado de aplazar la votación, los alientan más a persistir en su batalla, porque entienden que se juega mucho en ella.
Seis centrales sindicales, de trabajadores, funcionarios y estudiantes, han convocado otros dos días de huelga general en toda Francia, para el próximo jueves 28 y para el 6 de noviembre.
Durante algunos de los gobiernos socialistas, los trabajadores conquistaron la reducción de la edad de jubilación de
En el otoño de 2007 Nicolas Sarkozy anunció el endurecimiento de las pensiones, pero la ola de protestas y manifestaciones que provocó le hizo dar marcha atrás en su proyecto. Sin embargo, en 2008, consiguió asestar un duro golpe a
Si bien formalmente esta no quedó abolida, esas 35 horas semanales son más elásticas, pueden ser ampliadas si hay acuerdo con la representación sindical de una determinada empresa, negociando la forma de recompensar por esas horas extras. Cada vez son más sectores los que superan las 35 horas de jornada laboral semanal.
Por ello los sindicatos se han puesto firmes. Saben que si no logran mantener la edad de jubilación a los 60 años (es el único país europeo que tiene una legislación semejante), será otra conquista laboral importante que cae por tierra, y que tras ella irán cayendo las demás una a una irremediablemente.
Los sindicatos sostienen que las arcas públicas podrían ingresar un monto similar al que Sarkozy pretende conseguir con su reforma de las pensiones, simplemente aumentando un 0,3% la presión fiscal sobre los “bonus”, dividendos y rentas del patrimonio.
Toda Europa sigue con expectativa el desenlace de este pulso.
Miradas al Sur-Edición del 25/10/2010
Por Roberto Montoya, desde Madrid

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